GAES Solidaria. Nuestros voluntarios hablan: Una experiencia única e inolvidable.

Un año más, GAES Solidaria ha llevado el inmenso cariño y el generoso trabajo de varios voluntarios a las zonas más necesitadas del planeta. Viajan acompañados de diversas fundaciones y ONG, y llevan en su maleta toda la ilusión del mundo por ayudar a las personas a recuperar la audición. Cada uno de ellos nos cuenta su experiencia en primera persona.

GAMBIA

TERESA HERRERO

“Una experiencia única e inolvidable. Solo tengo palabras de agradecimiento a GAES y a todos los que han permitido que yo haya vivido esta experiencia tan increíble. Ha sido increíble y muy intenso, no pensaba que una semana daba para tanto y tener tantos sentimientos juntos. He crecido como persona muchísimo y me he conocido a mí misma mucho más. Los primeros días lo pasé algo mal porque sentía que no era capaz de hacer todo lo que hice. Una de las mayores trabas fue el idioma, ya que allí cada uno tenía un dialecto (hasta siete diferentes). Me pusieron un traductor que en principio iba a saber español pero al final me lo traducía en inglés. El inglés debo decir que lo entiendo muy bien pero lo hablo un poco regular... por lo tanto, no lo pasé muy bien con eso. Al final contacté con una profesora de allí de inglés que era cubana y me ayudó muchísimo. Gambia es otro mundo totalmente diferente al nuestro, todos lo sabemos, pero lo increíble es verlo. Ellos allí son muy felices con lo poquito que tienen, y el haber podido ayudar con algo tan importante como es la audición merece la pena y mucho. Llevé 30 audífonos para adaptar y allí pude presenciar que había muchísima gente con pérdida auditiva. Tuve un caso de una niña que vino a que le adaptara un audífono y me dijo que el año pasado le pusieron uno y que ya no lo podía usar porque estaba roto y no tenía pilas. Tengo grabados en mi memoria muchos momentos, sus caras cambiaban de la noche a la mañana con solo adaptar un audífono. Esas sonrisas tan increíblemente blancas te cambian la vida, os lo aseguro. Esos niños que dejan de ir a la escuela por el simple hecho de no poder oír, o esos militares que te decían: “¡Help me!” desde el corazón y el miedo de perder su trabajo al no poder comprar un audífono. Al final todo fue muy bonito porque hice amistad con dos trabajadores del hospital, mi traductor Alieu y una enfermera mujer del dueño Isa; esta última me hizo un traje típico de allí y me lo llevó al aeropuerto... Todo fue fantástico, la gente de allí es muy feliz con lo poco que tiene y por supuesto impactada de la gran pobreza que existe. A todos ellos, a GAES y a la Fundación Clarós que me acompañó en este viaje, solo puedo deciros ¡MUCHAS GRACIAS!”