Los voluntarios hablan. Viviencias que no tienen precio

SENEGAL
KORINA NICOLAU de GAES en Islas Baleares
“Emprendí esta ‘aventura’ junto a la Fundación Clarós y la Fundación Barraquer.
De todos los casos que vimos hubo varios que siempre recordaré. Como el caso del niño de cinco años con pérdida profunda bilateral al que le puse un audífono y su hermano le puso la música del móvil para ver si la podía oír ya que nunca lo había hecho. En cuanto empezó a sonar la música, abrió los ojos como platos y se giró para quitarle el móvil y bajar la música. Entonces empezamos a explicarle a su hermano cómo tenía que poner los audífonos. La música seguía sonando más bajita y, cuando nos dimos cuenta, el niño estaba bailando y no dejaba de sonreír. Otro caso especial fue el de una niña de seis años con pérdida profunda desde los cinco debido a una enfermedad. Cuando le puse el audífono su madre le hizo una pregunta por detrás y le contestó llorando y asustada porque hacía un año que no oía así su voz. Estos solo son dos de los 29 casos a los que pudimos ayudar, pero son un ejemplo claro del bien que hacemos. Ayudando a estos niños podrán seguir con su desarrollo y podrán tener una educación en un país en el que, si tienes alguna deficiencia auditiva o de cualquier otro tipo, acabas siendo marginado por la sociedad”.

PERÚ
MARÍA JESÚS PÉREZ
de GAES en Canarias
“Trabajé junto a Ecosol–Sord, donde la Fundación García–Ibáñez tiene un papel muy importante. El destino final fue Perú, entre los días 27 de marzo y 8 de abril de 2014. Nerviosa por viajar sola tan lejos de casa, y a la vez ilusionada, hice mi primera escala en la ciudad de Piura, al norte del país. Me alojé en el colegio Nuestra Señora de la Paz y trabajé con niños de 5 a 14 años, todos con sordera profunda.
Fue muy duro pues la pérdida auditiva de los niños era tan grande en la mayoría de los casos que solamente podría ayudarles a escuchar sonidos y palabras sueltas. Una vez les colocaba el audífono, los niños activaban su sistema de alerta y eso les hacía inmensamente felices.
Tras varios días en Piura, y aún emocionada por todo lo que allí viví, el día 1 de abril salí hacia Lima. Mi primer día en el Colegio de Lima fue un no parar. Trabajé con mucha presión pues no quería dejar a ningún niño sin atender y finalmente todo salió bien. En este colegio dos hermanitos me dejaron una huella que tampoco olvidaré. Después de ponerle los audífonos salimos al recreo y el más pequeño de los dos, con solo cinco añitos, miró al cielo señalando un avión. Escuchó el motor y me insistió para que lo mirase y seguidamente me abrazó. Todas estas vivencias no tienen precio”.

GAMBIA
PILAR CAYETANO de GAES en Valencia
“La experiencia ha sido muy intensa y enriquecedora para mí, tanto a nivel personal como profesional. En el hospital, que es donde trabajamos y atendíamos a la gente, fue extraordinaria la implicación del personal de allí. Las muestras de agradecimiento fueron muchísimas y se desvivían por que nos encontráramos bien y cómodos para trabajar, ofreciéndonos todo lo que tenían.

Respecto a la gente a la que tuve la suerte de poder ver y adaptar, recibí de ellos muchos gestos de agradecimiento y afecto, pero lo que más llegó fue una niña adolescente que al ponerle los audífonos me dijo: “Oír hará que tenga un futuro y yo quiero ser maestra. Gracias, Pilar”.