La hipoacusia afecta a un 10% de la población adulta y, al menos 1 de cada 4 mayores de 60 años padece una pérdida de audición discapacitante.
La pérdida auditiva tiene un impacto negativo en la comunicación, la autonomía y la calidad de vida de quien la padece; y se asocia directamente con el aislamiento, la depresión, un mayor riesgo de caídas y, de forma crítica, con el deterioro cognitivo. Pese a ello, tan solo un 17% de las personas con pérdida auditiva utilizan un audífono.
La Atención Primaria (AP) es clave en el sistema sanitario: previene, trata y regula el acceso a la atención hospitalaria. Sin embargo, la detección de la pérdida auditiva y las derivaciones oportunas aún no se ha consolidado en la práctica clínica habitual. Con el objetivo de revertir esta situación, un grupo de expertos coordinados por el Dr. Francisco J. Morales Escobar han publicado un protocolo para la detección precoz y el abordaje de la hipoacusia de las personas adultas en atención primaria y geriatría.
Este protocolo recomienda medidas para la detección temprana en mayores de 65 años y en menores de 65 años con sospecha de hipoacusia o factores de riesgo (antecedentes personales y familiares, trabajo en ambientes ruidosos, uso crónico de fármacos ototóxicos…). Además refuerza la necesaria colaboración entre el profesional de atención primaria y el otorrinolaringólogo. Mientras el especialista en otorrinolaringología (ORL) se encarga del diagnóstico y tratamiento de la hipoacusia, el médico de AP es fundamental en la detección inicial, la derivación oportuna y el asesoramiento clave en la adaptación de audífonos.
PROTOCOLO PARA LA DETECCIÓN PRECOZ Y EL ABORDAJE DE LA HIPOACUSIA DE LAS PERSONAS ADULTAS EN ATENCIÓN PRIMARIA Y GERIATRÍA
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