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CEIG, Centro de Estudios e Investigación GAES CEIG

Las tumefacciones faciales

Dra. Aida Aviñoa (Murcia)

La tumefacción de la cara se puede presentar en diferentes localizaciones y es un síntoma común de una variedad de patologías, que incluye lesiones, reacciones alérgicas e infecciones. La inspección facial de frente y de perfil junto a la palpación minuciosa nos permiten apreciar la infiltración e integridad de los tegumentos cutáneos.

  • Patologías de causa infecciosa:
    • Actinomicosis cérvico-facial: Es una infección bacteriana rara y potencialmente grave a largo plazo. Causa inflamación y tumefacción de consistencia dura, mal delimitada y adherida a planos superficiales, que fistuliza y no se acompaña de adenopatías.
    • Virus Herpes simple tipo 1: se identifica con facilidad porque en el vestíbulo nasal aparece la clásica ampolla muy dolorosa que desaparece a los 10-14 días.
    • Herpes Zoster: es el resultado de la reactivación del virus de la Varicela Zoster, siendo más frecuente en pacientes de edad avanzada e inmunodeprimidos. Se caracteriza por una erupción maculopapulosa eritematosa, de distribución metamérica y unilateral, que aparece a las 48-72 horas posteriores al inicio del dolor y que evolucionan rápidamente hacia vesículas y costras.
    • Erisipela y celulitis: dos presentaciones diferentes de la misma enfermedad. Infección común y dolorosa de la piel y el tejido celular subcutáneo. Siendo el agente causal más frecuente el Streptococcus pyogenes. Se caracteriza por una placa eritematosa, brillante, bien circunscrita. Los síntomas incluyen dolor intenso, edema e inflamación, a menudo se acompaña de fiebre, y malestar general.
    • Vestibulitis nasal: ocasionada de forma típica por el Staphylococcus aureus, generalmente secundaria a lesiones de rascado nasal. Por ello, es más frecuente en pacientes con antecedentes de rinitis alérgica o coriza. Sus signos propios son eritema e inflamación de la piel del vestíbulo nasal, con presencia de costras sanguinolentas y a veces fisuras en la piel, que se puede extender a ambas alas y punta nasal.
    • Forúnculo nasal: ocasionado por el Staphylococcus aureus que afecta los folículos pilosos. Destaca en la exploración física nódulo muy doloroso, pequeño, rojo y firme, evoluciona a un nódulo fluctuante. Aunque excepcional, puede complicarse por una trombosis del seno cavernoso.
    • Impétigo: afecta generalmente niños. Los agentes causantes más frecuentes son: S. aureus y S. pyogenes. Se caracteriza por la aparición de vesículas o ampollas en la piel, que al romperse originan costras de color miel (melicéricas), sobre todo, en zonas alrededor de la boca, nariz y oídos.
    • Rinoescleroma: es una enfermedad infecciosa rara, granulomatosa crónica y progresiva. Su agente causal es la Klebsiella rhinoscleromatis. Afecta las vías respiratorias superiores, produciendo un granuloma nasal esclerosante e infiltrante.
       
  • Patologías de causa no infecciosa, como la dermatitis de contacto o el eccema crónico, que se caracterizan por la gran variedad clínica y etiológica. Sus signos clínicos son inflamación crónica de la piel acompañada de picor intenso.
    • Urticaria: aparición repentina por toda la superficie corporal de una erupción habonosa que produce prurito intenso, de duración muy variable (desde horas hasta semanas). La urticaria física es la más frecuente. Otros tipos son el dermografismo y la urticaria solar.
    • Angioedema: inflamación intensa que produce deformación de partes blandas como son los labios o los párpados. Se acompaña con frecuencia de urticaria, aunque es menos pruriginoso.
    • Rosácea: enfermedad inflamatoria, crónica, de causa desconocida que afecta la piel de la cara. Se da sobre todo en mujeres adultas, especialmente de tez clara. Comienza con enrojecimiento de la nariz, mejillas, frente y barbilla que evoluciona a telangiectasias, pápulas, pústulas y eritema persistente. En el hombre, la rosácea se manifiesta en forma de rinofima, cuyas manifestaciones son la dilatación de los vasos sanguíneos y depósitos de tejido en dermis y epidermis, generando un engrosamiento de la nariz y la formación de nódulos de tejido fibrosos de diferente tamaño, según la evolución.
    • Lupus eritematoso: a menudo, esta enfermedad sistémica, ocasiona una erupción en forma de mariposa o malar, que incluye el dorso nasal.
       
  • Patologías de origen traumático: un traumatismo facial puede causar una fractura de los huesos propios de la nariz. El traumatismo puede ocasionar inflamación y edema facial. En fracturas de mayor alcance, se evidencia una equímosis periorbitaria conocida como “signo de los ojos de mapache”.
     
  • Patologías de causa odontógena: El diagnóstico se realiza por la confección de la historia clínica que nos revelará por medio de los signos y síntomas, la etiología de la celulitis facial odontógena. Las manifestaciones clínicas locales son el dolor continuo y pulsátil que no siempre se manifiesta en el diente causal, se acompaña de edema difuso, halitosis y trismus. En las fases iniciales no hay presencia de pus. Piel indurada, tensa brillante, eritematosa y dolorosa a la presión.
     
  • Patologías de origen sinusal: En el caso de las tumefaccioes faciales y/o perioculares secundarias a afecciones rinosinusales, son siempre signos avanzados de exteriorización por ruptura de paredes sinusales maxilares o etmoidales.
     
  • Tumefacciones de las glándulas salivales: debido a su posición anatómica, la afectacción parotídea y submaxilar puede confundirse con linfoadenopatías cervicales. En relación con alteraciones infecciosas, traumáticass y litiásicas.
     
  • De origen iatrogénico: secundarias a extracción de pieza dentaria, cirugía nasosinusal endoscópica. La anamnesis cuidadosa nos proporcionará información importante en relación con la posible etiología de la tumefacción facial.
     
  • De causa tumoral: benigna como los angiomas, linfangiomas o lipomas que se originan en la bolsa de Bichart. Y tumores malignos como el sarcoma o el epitelioma del maxilar superior.
     
  • Tumores cutáneos faciales: desde las lesiones benignas como la queratosis seborreica, quistes cutáneos, queratoacantoma, queratosis actínica, léntigo maligno, a los tumores malignos cutáneos como carcinoma basocelular (el más frecuente), carcinoma espinocelular y melanoma cutáneo.
     
  • Encefalocele: tumefacción propia del recién nacido, de localización nasofrontal. A la exploración destaca una lesión blanda y pulsátil que aumenta de tamaño con el llanto (cualquier esfuerzo).