ORL sin recurrir a
exploraciones
complementarias
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CEIG, Centro de Estudios e Investigación GAES CEIG

Tumoraciones en el cuello

Dr. Juan Alcalde (Pamplona).

Una tumoración cervical, presenta siempre una etiología congénita, inflamatoria o neoplásica. La historia clínica y la exploración física nos aportan datos imprescindibles para la orientación diagnóstica.

Anamnesis

Hay 3 parámetros clínicos que resultan muy útiles en la valoración inicial:

  1. Edad: En los niños la causa más frecuente de aparición de una tumoración cervical es inflamatoria. Esta tumoración suele corresponder a adenopatías uni o bilaterales. En el caso de tumoraciones unilaterales, debemos incluir como posibilidad diagnóstica, a las malformaciones congénitas de los arcos branquiales y a las malformaciones vasculares de origen linfático.
    Es esencial en los niños valorar, en primer lugar, si la tumoración es evidente desde el nacimiento, como ocurre con linfangiomas, teratomas, fístulas o sinus branquiales y, en segundo lugar, si existen antecedentes relacionados con sintomatología infecciosa, viral o bacteriana, en especial, de localización orofaríngea. En los adultos, sin embargo, la etiología más frecuente de tumoración cervical es neoplásica.
  2. Tiempo de evolución: El crecimiento rápido de una formación cervical orienta hacia un cuadro inflamatorio, sobre todo si se acompaña de sintomatología infecciosa en el área otorrinolaringológica. No obstante, la evolución rápida no es exclusiva de la patología no tumoral, ya que hay que tener siempre presente en el adulto la posibilidad de un proceso neoplásico. La evolución fluctuante con episodios de remisión se corresponde habitualmente también con un cuadro inflamatorio que puede asociarse con infecciones repetidas orofaríngeas.
  3. Localización: Este aspecto es de gran interés porque nos permite limitar de forma bastante precisa en ocasiones el diagnóstico diferencial.
    • Línea media: Una tumoración en la línea media y a nivel submentoniano, suele corresponder a una adenopatía o, de forma más rara, a un quiste dermoide. Si la tumoración se localiza además en proximidad al hueso hioides, pensaremos en un quiste del tracto tirogloso que, aunque predomina en los niños, puede presentarse en cualquier grupo de edad. En ocasiones, estos quistes están ligeramente lateralizados y, si se infectan, pueden drenar a través de la piel, pero siempre ascienden cuando el paciente deglute o saca la lengua. Debemos recordar que el quiste de tracto tirogloso lo podemos observar a cualquier nivel desde la región suprahioidea hasta el istmo tiroideo. Además, en el adulto, también podemos ver patología nodular tiroidea en la línea media, correspondiendo anatómicamente al istmo tiroideo.
    • Región paramediana: A nivel laríngeo puede corresponderse con un laringocele externo o mucocele, mientras que más inferiormente lo hace con patología tiroidea, que se presenta habitualmente en forma de nódulos que se movilizan con la deglución y, en raras ocasiones, en niños, con teratomas.
    • Región lateral: Es la situación más frecuente de las adenopatías que pueden localizarse desde la región subdigástrica hasta la región supraclavicular. También lo hacen en esta zona los quistes branquiales, principalmente del segundo y tercer arcos, los quistes tímicos en la región laterocervical izquierda prolongándose hacia la región esternal y las tumoraciones de origen en nervios (schwanomas, neurofibromas y neuromas cervicales) o bien a partir del tejido glómico localizado en la bifurcación carotídea, vena yugular, nervio vago y, más excepcionalmente, nervio simpático cervical.
      En la región lateral, en ocasiones con extensión hacia la región submandibular, podemos ver abscesos cervicales que suelen acompañarse de alguna sintomatología que nos oriente en este sentido.

Otras tumoraciones cervicales de predominio en niños que pueden localizarse en cualquier área cervical son los linfangiomas y angiomas.

Exploración física

La palpación del cuello, que no siempre es fácil en función de la constitución física del paciente, nos permite precisar, junto a la localización de la tumoración, de qué patología se trata.

En este sentido, una formación laterocervical, sin adhesión a planos profundos y única, probablemente se trata de un quiste branquial o una adenopatía. Cuando se presenta de forma bilateral casi siempre se trata de adenopatías. Si en la palpación se aprecia que la tumoración está adherida a estructuras adyacentes, debemos sospechar la existencia de adenopatías metastásicas.

También podemos valorar mediante palpación si existe desplazamiento de la tumoración en sentido ascendente con la deglución, lo que es típico de quistes de tracto tirogloso y de la patología tiroidea. El desplazamiento de la tumoración en sentido transversal se observa en tumores de origen nervioso, fundamentalmente en los schwanomas.

Otro aspecto a considerar es el carácter pulsátil o no de la tumoración, ya que esto orientaría a un origen vascular y habría que completar la exploración con la auscultación de la misma.

Finalmente, la palpación aporta otras características sobre la consistencia de la lesión (blanda, elástica, dura o fluctuante). En este sentido, las tumoraciones más blandas corresponden a los linfangiomas y en segundo lugar a los paragangliomas carotídeos o yugulares. Una tumoración elástica a la palpación puede relacionarse con un bocio nodular o un quiste branquial y una formación fluctuante, con un absceso cervical, que puede acompañarse además de un aumento de la temperatura local.

El examen físico cervical debe completarse siempre con una exploración general ORL, que confirme o descarte la existencia de procesos más generalizados de tipo infeccioso o tumoral. Así, la presencia de un cuadro infeccioso orofaríngeo o faringo-laríngeo puede justificar la aparición de adenopatías cervicales inflamatorias o de una sobreinfección en una tumoración de origen congénito insospechada hasta ese momento.

Tras finalizar la historia clínica y la exploración física, el diagnóstico diferencial se limita de forma significativa. No obstante existen una serie de pruebas complementarias que pueden ser de gran utilidad para precisar la etiología o extensión de la tumoración cervical y que seleccionamos en base a los datos previos: pruebas de laboratorio (hemograma, pruebas de función hepática, serología de mononucleosis infecciosa, citomegalovirus o toxoplasmosis, test de tuberculina, determinación de catecolaminas y metanefrinas en sangre y orina), pruebas de radiodiagnóstico (ecografía, tomografía axialcomputerizada, resonancia magnética y arteriografía, entre otros), análisis microbiológicos y estudios anatomopatológicos del material obtenido mediante punción aspiración con aguja fina, aguja gruesa o biopsia excisional.